lunes, 5 de noviembre de 2012

Taken 2 y Get the Gringo



Duelo de titanes: Liam Neeson y Mel Gibson.

No puedo entender en qué momento Liam Neeson, memorable en sus interpretaciones de  Jean Valjan en Los Miserables o de Rob Roy en la película homónima, decidió dedicarse a hacer películas de acción. “A la vejez, viruela…” diría mi abuela!  Me refiero concretamente a Taken. Pero si la primera parte tenía un ritmo sostenido y una trama más digerible, aunque rayana en lo inverosímil, la secuela directamente cae en el absurdo.
 El guión de Luc Besson está tan lleno de fisuras que parecería un tejido a crochet con agujas gordas. Al parecer, después de Nikita no le quedaron demasiadas ideas. La historia es simplísima y  se limita a utilizar la urgencia como recurso para hacer avanzar la acción y  enganchar de esa manera al espectador.
En la primera parte los malos secuestran a la hija y el argumento se centra en su liberación y escape. Todo de manera muy estelar lo que convierte al film en un action flick.
En la segunda parte, las familias de los albanos que Bryan (Neeson) se cargó en la primera, quieren vengarse. Para lograr su objetivo, ayudados por sus contactos turcos – es bueno señalar que la acción se desarrolla en Estambul-, le tienden una emboscada para capturarlo y, eventualmente, mandarlo al Averno.
Esto obviamente no ocurre porque Bryan, haciendo gala de sus increíbles habilidades va a escabullirse sin solución de continuidad y en su intento, no escatimará en demostraciones de las más sofisticadas armas y de los últimos chiches tecnológicos como así también de esa omnipotencia, tan cara a los héroes de las películas de acción de los EEUU. -siempre super héroes- que además se solazan en demostrar un absoluto desprecio por el resto del mundo, sus leyes, las fronteras de los demás países y ni qué decir, su inteligencia! Dos detalles simpáticos en este sentido: los mafiosos albanos y sus socios turcos expuestos como una recua de inútiles, incapaces y debiluchos (evidentemente ni el director, ni los productores, ni el protagonista tuvieron que enfrentarse en la vida real con alguno de ellos), y la escena en la que la hija corre por los tejados de un barrio de Estambul lanzando granadas a diestra y siniestra para que su padre pudiera indicarle el camino al lugar donde estaba cautivo. Un elogio del absurdo.

Después de este mal trago, la película Get the Gringo de Grünberg, protagonizada por el temperamental Mel Gibson, me resultó un bálsamo que disfruté desde el primer instante.
Más allá de las opiniones sobre el protagonista,  sin hesitación afirmo que Get the Gringo  es una buena película, con todos los recursos del género.
La trama: un ladrón de bancos apodado Driven(Gibson), escapando de la policía estadounidense, cruza la frontera de México y termina dentro de “El Pueblito”, una cárcel de máxima seguridad de Tijuana - que realmente existió hasta que fue cerrada en 2002-, donde deberá ingeniárselas para sobrevivir. Allí conocerá a un chico que conoce todos los vericuetos y la gente del lugar (Kevin Hernández, excelente en su actuación), que se convertirá en su aliado, e intentará recuperar el dinero incautado para lo cual deberá moverse inteligentemente entre un intrincado juego de relaciones de poder.
Tomas aéreas, travellings, planos americanos y otras yerbas sirven para amenizar las primeras escenas de la fuga de los ladrones que terminará en territorio azteca.
Las escenas iniciales de acceso a la prisión y  las que describen la vida en el lugar son fascinantes. La música latina acompaña todo el tiempo. Mención especial merecen el “Padre nuestro” interpretado por Vicentico y los Fabulosos Cadillacs junto a Damas Gratis, con el beat del keytar de la cumbia villera, perfecta para describir el submundo de la prisión  y el impecable soundtrack del brasileño Antonio Pintos, con temas como La frontera, Sunny day in Mexico o Calles Secas.
De los productores de Apocalypto y Corazón Valiente, Get the gringo (o Vacaciones explosivas como se la conoció en los cines de Argentina) divierte, entretiene y, a pesar de la moralina de las últimas líneas, impuestas por el cine de Hollywood, nos deja con el buen sabor de que nuestros héroes (categoría arbitraria y cuestionable, si las hay), aunque sean villanos, al final del cuento, se quedan aunque sea por un rato con el botín,  la chica y cía.