viernes, 21 de diciembre de 2012


GRADUADOS, GRACIAS!!!

Alguien me pasó el dato y así empezó todo. La curiosidad se encontró con la sorpresa y entre las dos fueron tejiendo ese lugar para el encuentro con los sentimientos, una urdimbre en la que la evocación al pasado se mezcló con el efecto lúdico y de entretenimiento, disolvente de las tribulaciones y los afanes del presente.

Y empecé a esperar, con la diferencia horaria a mi favor, la subida de los capítulos a la red.

Para muchos de quienes dejamos nuestra patria para andar otros caminos, la serie de Sebastián Ortega y Endeamol, se constituyó en una imperdible cita con lo más puro de nuestra cultura, con aquello que nos distingue y nos hace queribles y también odiosos.

Vaya mi reconocimiento a todos los que  hicieron y trabajaron este logrado producto, que tiene todas las características y guiños de su tipo y tiene, al mismo tiempo, una estética totalmente moderna y auténtica que a pesar del tono de comedia y sus ribetes de absurdo, no dejó de hermanarse con la realidad tal como es, sin calificativos.

Innovadora y creíble, a diferencia de la mayoría de las telenovelas tradicionales, Graduados trató temas que han sido y siguen siendo tabú para mucha gente y en muchos lugares, exhibiéndolos sin cortapisas, con la intención de abordar el conflicto, mostrándolo con la naturalidad  ínsita a su propia existencia: desde la homosexualidad al bullying, pasando por la infidelidad y toda la gama de emociones humanas, la novela no se priva de nada. Y en vez de estereotipar a los personajes, como sucede hasta el presente con el género y pasa con la gran mayoría de sus parientes venezolanas, mexicanas y colombianas, Graduados muestra a los protagonistas como somos las personas de carne y hueso: ellos no son perfectos ni impolutos y lo que les pasa  es lo que le pasa a cualquier hijo de vecino. Y todo regado con una gran cosa que tenemos los argentinos: la de permitirnos tomar de todo y de todos, lo mejor. Por eso mención aparte merece la música, tanto nacional como extranjera, que acompañó toda la serie en maridaje perfecto con todas las situaciones.

Aunque todo esto es más que suficiente para abonar la alta opinión que me mereció la serie, la temática, en lo personal, me caló profundamente en el corazón.

Aunque unos años mayor que esos Graduados la historia que se cuenta es, de alguna manera, mi propia historia. Las vivencias son idénticas porque fueron las de una generación y, como a los Graduados de la serie, hice amigos entrañables en el Colegio con los que cuento todavía y también me/nos pasó de reencontrarme, 25 años después, con compañeros  de esa época de la vida que se asocia con la idea de felicidad.

Los primeros amores, el amor romántico, el amor más maduro y la amistad, siempre, con todo, a pesar de todo. Graduados es todo un homenaje.

Gracias a todos los que lo hicieron posible. Y gracias por regalarnos la posibilidad de evocar los momentos más intensos de nuestra vida. Por el rescate de lo vernáculo y de la jerga de una época; por la mirada larga, diversa y multicultural inclusiva del país interior y de otros dioses, y por el homenaje a nuestros cantantes, a nuestros pequeños ídolos y, en definitiva, a los que amamos.

 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El otro lado del espejo: cine ruso


 

El cine es una forma de aproximación al mundo y aunque una buena parte de él acompañe celosamente los cambios sociales y las modas siguiendo una cuidadosa pauta publicitaria y estrictos estudios de marketing, no deja de ser, como lo definió el gran Elia Kazan “el diálogo del mundo actual”.

Este nuevo cine, cuyo fin algunos anticipan a manos de otras formas audiovisuales, las pantallas pequeñas que se han venido extendiendo a nivel viral,  es cada vez más global, con muchos elementos internationalizantes y una estética que apela a la multidiversidad pero siempre deja un resquicio para las producciones “clásicas”, de cine arte, de cine de autor y para la narración de historias simples de mirada local.

Si hablamos del cine ruso no podemos dejar de hablar de Serguei Bodrov. Quiero usar este espacio para evocar ese gran film que si bien no fue su debut, lo catapultó a la fama internacional, al ganar el premio Nika, el más importante reconocimiento ruso a la cinematografía, a la mejor película y mejor director y ser candidato al Oscar en la categoría de mejor película extranjera en 1996. Me refiero a El prisionero de las montañas (Кавказский пленник), basado en la novela de León Tolstoi, “El prisionero del Cáucaso”.

En la película un grupo de soldados rusos son emboscados por unos chechenos y un par de ellos son tomados prisioneros con la intención de intercambiarlos por el hijo de uno de los captores, un maestro de escuela detenido en una prisión rusa. La película se rodó íntegramente en Daguestán, muy cerca de donde se desarrolló efectivamente la primera guerra chechena.

La personalidad diferente de Sacha (Oleg Menshikov) y de  Iván (Sergei Bodrov Jr, el malogrado hijo del director que falleciera en 2002 a raíz de una avalancha en una montaña del Cáucaso, en la tierra de los escitas, mientras filmaba escenas para la película “El mensajero”) va a determinar su destino. Sacha, mayor y más cínico, que no tendrá miramientos en matar para tratar de liberarse contrastará con la actitud del joven conscripto, Vanya, que terminará construyendo relaciones con los habitantes del pueblo y con la hija de su captor, Dina.

Le película aparece justamente en momentos en que el presidente Boris Yeltsin decretaba el cese unilateral del fuego e iniciaba las negociaciones de paz con los rebeldes chechenos luego de dos años de guerra y de la muerte de miles de civiles, debido a la desmoralización del ejército ruso, cuya superioridad numérica y armamentística no logró doblegar a la guerrilla chechena en las montañas.

No hay escalada de imágenes en El Prisionero de las montañas ni exageración de los sonidos o hiper velocidad en las secuencias. Tampoco mucha sangre. Ni siquiera mucho vodka. En definitiva no hay saturación en la pieza de Bodrov, lo que acerca su trabajo más al arte, y a su cine, al cine de autor.

La economía de las expresiones, de la banda sonora y de los diálogos, no hace sino exacerbar el clima que contrasta la enorme maquinaria rusa de guerra con la dura vida de los chechenos en la montaña, con mínimos recursos pero donde las cosas no pueden ser sino como son.

Cine del bueno, de alto impacto, no por exceso, lo repito, sino por defecto. Radiografía cifrada de un estado de guerra en el que las diferencias, que operan como elemento de resistencia, no hacen otra cosa que descubrirnos siempre humanos.

 
 

lunes, 5 de noviembre de 2012

Taken 2 y Get the Gringo



Duelo de titanes: Liam Neeson y Mel Gibson.

No puedo entender en qué momento Liam Neeson, memorable en sus interpretaciones de  Jean Valjan en Los Miserables o de Rob Roy en la película homónima, decidió dedicarse a hacer películas de acción. “A la vejez, viruela…” diría mi abuela!  Me refiero concretamente a Taken. Pero si la primera parte tenía un ritmo sostenido y una trama más digerible, aunque rayana en lo inverosímil, la secuela directamente cae en el absurdo.
 El guión de Luc Besson está tan lleno de fisuras que parecería un tejido a crochet con agujas gordas. Al parecer, después de Nikita no le quedaron demasiadas ideas. La historia es simplísima y  se limita a utilizar la urgencia como recurso para hacer avanzar la acción y  enganchar de esa manera al espectador.
En la primera parte los malos secuestran a la hija y el argumento se centra en su liberación y escape. Todo de manera muy estelar lo que convierte al film en un action flick.
En la segunda parte, las familias de los albanos que Bryan (Neeson) se cargó en la primera, quieren vengarse. Para lograr su objetivo, ayudados por sus contactos turcos – es bueno señalar que la acción se desarrolla en Estambul-, le tienden una emboscada para capturarlo y, eventualmente, mandarlo al Averno.
Esto obviamente no ocurre porque Bryan, haciendo gala de sus increíbles habilidades va a escabullirse sin solución de continuidad y en su intento, no escatimará en demostraciones de las más sofisticadas armas y de los últimos chiches tecnológicos como así también de esa omnipotencia, tan cara a los héroes de las películas de acción de los EEUU. -siempre super héroes- que además se solazan en demostrar un absoluto desprecio por el resto del mundo, sus leyes, las fronteras de los demás países y ni qué decir, su inteligencia! Dos detalles simpáticos en este sentido: los mafiosos albanos y sus socios turcos expuestos como una recua de inútiles, incapaces y debiluchos (evidentemente ni el director, ni los productores, ni el protagonista tuvieron que enfrentarse en la vida real con alguno de ellos), y la escena en la que la hija corre por los tejados de un barrio de Estambul lanzando granadas a diestra y siniestra para que su padre pudiera indicarle el camino al lugar donde estaba cautivo. Un elogio del absurdo.

Después de este mal trago, la película Get the Gringo de Grünberg, protagonizada por el temperamental Mel Gibson, me resultó un bálsamo que disfruté desde el primer instante.
Más allá de las opiniones sobre el protagonista,  sin hesitación afirmo que Get the Gringo  es una buena película, con todos los recursos del género.
La trama: un ladrón de bancos apodado Driven(Gibson), escapando de la policía estadounidense, cruza la frontera de México y termina dentro de “El Pueblito”, una cárcel de máxima seguridad de Tijuana - que realmente existió hasta que fue cerrada en 2002-, donde deberá ingeniárselas para sobrevivir. Allí conocerá a un chico que conoce todos los vericuetos y la gente del lugar (Kevin Hernández, excelente en su actuación), que se convertirá en su aliado, e intentará recuperar el dinero incautado para lo cual deberá moverse inteligentemente entre un intrincado juego de relaciones de poder.
Tomas aéreas, travellings, planos americanos y otras yerbas sirven para amenizar las primeras escenas de la fuga de los ladrones que terminará en territorio azteca.
Las escenas iniciales de acceso a la prisión y  las que describen la vida en el lugar son fascinantes. La música latina acompaña todo el tiempo. Mención especial merecen el “Padre nuestro” interpretado por Vicentico y los Fabulosos Cadillacs junto a Damas Gratis, con el beat del keytar de la cumbia villera, perfecta para describir el submundo de la prisión  y el impecable soundtrack del brasileño Antonio Pintos, con temas como La frontera, Sunny day in Mexico o Calles Secas.
De los productores de Apocalypto y Corazón Valiente, Get the gringo (o Vacaciones explosivas como se la conoció en los cines de Argentina) divierte, entretiene y, a pesar de la moralina de las últimas líneas, impuestas por el cine de Hollywood, nos deja con el buen sabor de que nuestros héroes (categoría arbitraria y cuestionable, si las hay), aunque sean villanos, al final del cuento, se quedan aunque sea por un rato con el botín,  la chica y cía.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

EL MANIFIESTO DE LARS IYER

Lo que van a leer a continuación No me pertenece, aunque lo suscribo.  Es parte del ensayo "Desnudo en la bañera, asomado al abismo", de Lars Iyer. Me pareció muy bueno para re-inaugurar este blog. fabipost99


Qué escribir en las postrimerías

Hay esperanza, infinita esperanza,
pero no para nosotros
Kafka

De modo que aquí estamos, a este lado de la montaña, nostálgicos de las mesetas tormentosas donde nuestros ancestros escritores emplearon una vez su magia, pero conscientes de que somos habitantes de las tierras bajas. Aquí estamos, al cabo de la Literatura y la Cultura, desnudos, despojados, azorados. Somos como niños que seAlgunos optan por tocar los clarines del pasado, reclamando el regreso de las viejas formas, exigiendo que la Cultura vuelva a subirse a su viejo carruaje, proclamando la vigencia del concepto de autoridad literaria. Pero estas exigencias grandiosas o son vistas con recelo, o resultan irrisorias o nadie hace caso de ellas. Los “clásicos”, de la antigüedad hasta el presente, son repertorios rutinarios, como el p style= han encontrado unas botas viejas y andan trotando por ahí con ellas. ¡Puede que hasta Bernhard y Bolaño sean demasiado grandes como para que los imitemos! Deberíamos estudiar a los perversos garabateadores, como David Shrigley e Ivan Brunetti. El medio de expresión que han elegido pone de relieve hasta qué punto han abrazado su condena. Deberíamos apagar los ordenadores, subir los libros al desván y olvidar que hubo un tiempo en que sabíamos leer y nos parecía algo importante. Pero para los que no podemos escapar a la necesidad de borronear y teclear, he aquí algunas pistas.

Utiliza una sencillez a-literaria. El juego ha terminado, ya no queda nada. El estilo de Los detectives salvajes es notoriamente a-literario, exento casi de elegancia, pese al virtuosismo desasosegado de sus voces narrativas. Es “directo hasta la asfixia”. Incluso Bernhard, pese a todas sus circunvoluciones gramaticales, a la postre escribe con una suerte de obviedad patética. No se maquilla ni adorna, sino que escupe la materia de su descontento. El abismo necesita la clara quietud de un testigo, el testimonio sobrio del día después para recordar lo que pasó. La Literatura ya no es nada por sí misma, es la Gran Desaparecida.

Resístete a las formas cerradas, a las obras maestras. El empeño por escribir obras maestras es una modalidad de necrofilia. Escribir debe ser un acto abierto por todos sus flancos, de modo que un esbozo de vida real (aunque ésta no sea más que una farsa lúgubre y ridícula) pueda atravesarlo, pasando las páginas. Según Vila-Matas, cualquiera que escriba un texto de ficción debe permitir que se le vea la mano, que la imagen de uno mismo aparezca. Pero en el ámbito de la literatura después de la Literatura lo que permite ver la mano es la vida como farsa. Los autores deben renunciar a imitar a los genios. En lugar de ello, es preferible mostrar a los autores como monos de imitación, en una palabra, como idiotas. No tengas la arrogancia de intentar ser cómico. Tú eres el serio en esta farsa; el gracioso es el universo. No vayas de tonto, ni de listo, ni de simpático, ni de tímido. Eso sí, deja un margen a la hilaridad, a una risa dolorosa y purificadora que te parta en dos los costados y el corazón. Sigue tu propia estupidez como unas huellas en la arena.

Aunque trates otros temas, no dejes de escribir acerca de este mundo, un mundo dominado por sueños muertos. Resalta la ausencia de Esperanza, de Fe, de Compromiso, de Seriedad rimbombante. Señala el pasado, del que hemos sido desgajados; señala el futuro, que nos destruirá. Escribe sobre un tipo de esperanza que antaño fue posible en tanto que Literatura, Política, Vida, pero que ya no es posible para nosotros.

Deja ver claramente que eres consciente de tu impostura. No eres un Autor, no en el sentido tradicional. En realidad, no has escrito ningún Libro, un Libro de Verdad. No formas parte de ninguna tradición, movimiento ni vanguardia. No te estás jugando verdaderamente nada en la Literatura, por muchos aires insensatos que te quieras dar. Además, la verdad es que hoy día es poquísima la gente que lee. No dejes de recalcar bien este dato. ¡Nadie lee, pedazo de idiota! Hay más novelistas que lectores. Hay demasiados libros...

Deja ver tu melancolía, resalta el hecho de que el final se acerca. Se acabó la fiesta. Las estrellas salen y el cielo negro se muestra indiferente ante ti y tus sandeces. Estás con los personajes de Bolaño al final de la búsqueda, perdido en el desierto de Sonora, al final de todas las búsquedas. Estás haciendo dibujos estúpidos para matar el tiempo en el desierto. No hay más, ésas son tus obras completas: dibujos estúpidos para matar el tiempo en el desierto.

No seas generoso ni amable. Ríete de ti mismo y de lo que haces. Saquea el arte, como el caníbal que eres. Recuerda: únicamente cuando el cuerpo está sin vida, y ha sido picoteado durante millones de años por los cuervos, roído por los chacales, cubierto de escupitajos y olvidado, sólo entonces descubriremos que aún queda una última esquirla de hueso intacta.



Lars Iyer es el autor de la novela Spurious (Melville House 2011, que será traducida al español por por la editorial Pálido Fuego: http://www.palidofuego.com/) y su secuela, Dogma (recientemente publicada). Vive y trabaja en Newcastle upon Tyne. Puedes encontrar su blog aquí y su cuenta de Twitter aquí. Este texto fue originalmente publicado en http://www.thewhitereview.org/



La traducción es de  Susana Lago Ballesteros

lunes, 24 de septiembre de 2012

CAMBIOS EN EL BLOG

Hola a todos:
 
                 Pasó mucho tiempo desde la última vez que subí algo a este blog. Por razones arcanas no podía entrar ... y el tiempo fue pasando.

                 Pensé en usar este espacio no solamente para comentar cine, que es una de mis pasiones. Quiero que sea un cuaderno de bitácora. Quiero ampliar los contenidos y, de esa forma, crear un espacio para el diálogo y la reflexión. La escritura es una actividad  mayormente solitaria. Para que se constituya un diálogo necesito un Otr@. Pero mientras tanto, si se revisa lo que se escribe, nos damos cierta distancia para vernos desde otro lugar (... por aquello de que nadie se baña dos veces en el mismo río). Y ya la mera actitud de la lectura, o re-lectura, nos invita a una primera reflexión.
                  Durante casi toda mi vida fui una ghost writer, una escritora fantasma. LLegó el tiempo de hacer oir mi voz. 

                   Amig@ lector@, te invito a acompañarme en este viaje y a hacer tus propios aportes. La idea es que junt@s podamos enfilar la proa hacia buen puerto.

Fabipost99

sábado, 17 de diciembre de 2011

La conformación de una marca: El Sherlock Holmes de Guy Ritchie

              En los primeros minutos de su "Sherlock Holmes: A game of shadows" (2001), su director Guy Ritchie ya define el estilo, el ritmo, el color y su particular mirada. Asi que los que quedaron agotados por las  rocambolescas escenas  de la primera película, abstenerse. La mayor crítica que se le puede hacer a esta segunda versión es el empecinamiento de su director por subir al espectador a una montana rusa de la que se puede salir totalmente descompuesto. Se apasiona por las escenas en cámara lenta y luego nos sume en una vorágine donde todo es vértigo y donde los actores tienen que hacer mayores esfuerzos para salir airosos de tamaña exigencia. Así que seguramente  muchos comentarios a esta segunda muestra serán poco caritativos o simplemente demoledores. Pero todos sabemos que hay quienes aman el vértigo y vuelven a hacer la fila para subirse a la montana rusa. Estos comentarios entonces, van para ellos.
               Sin dejar de ser una secuela, es un film autónomo que profundiza los elementos góticos de la estética de la primera versión.
             Para que al espectador no le quede ninguna duda, las primeras escenas se encargan acabadamente de anticiparnos el tono de farsa.
              Sobre la base de la novela de Sir Arthur Conan Doyle, los Mulroney se encargaron de hacer una pieza surrealista que a pesar de los riesgos que ello implicaba, han coronado con  éxito. Han tomado como idea el escenario que desembocó en el atentando al archiduque Francisco Fernando que habría de detonar la Primera Guerra Mundial (hay una línea del diálogo, muy interesante, que lo anticipa y que se pone en boca del Dr. Moriarty).
              El guión plantea el encuentro del temperamental detective con la horma de su zapato. Su antagonista en este caso será  el diabólico Dr. James Moriarty, tan astuto e inteligente como Holmes, para hacer asi pareja la lucha e implicará, como acontece en las películas de acción y suspenso, el enfrentamiento entre dos estilos o dos moralidades.
              El humor cáustico de los ingleses puede apreciarse desde la primera escena (siempre al estilo Ritchie, huelga señalar: Juegos, trampas y dos armas humeantes (1998); Snatch, cerdos y diamantes (2000)). Hay situaciones hilarantes que no tienen desperdicio y que parecen hechas a medida de Robert Dowey Jr. (tan temperamental como su personaje), quien, por si a alguien le quedara alguna duda, reafirma sus enormes condiciones para la actuación y para este papel que le viene como anillo al dedo. Exhibe una versatilidad enorme para pasar del camouflage y los comentarios cínicos e irreverentes a la consternación dramática, como cuando arroja al agua el pañuelo de Irene Adler (Rachel Mc Adams), por ejemplo. Jude Law satisface completamente en su rol del Dr. Watson, el eterno compañero de Holmes, ya que tiene buen cuidado de no opacar la estrella de aquél que es la sola que brilla en el firmamento de la investigación. Jared Harris (el hijo de Richard Harris que muchos recordaran  por su participación en la serie Mad Men), también está a la altura de las circunstancias.
Como novedad se incorporan el talentoso Stephen Fry (Oscar Wilde, Un pez llamado Wanda) que juega el papel del hermano de Holmes y tiene unas escenas memorables y Kelly Reilly (Orgullo y Prejuicio; Las muñecas rusas), que aparece bastante deslucida como Mary Watson, la flamente esposa del compañero de Holmes (tal vez se trate de un error de casting). Noomi Rapace conforma aunque no es posible evitar seguir pensando en ella como "La chica con el tatuaje de dragón (de la trilogía de Stieg Larsson).
               La ambientación de las locaciones, Londres, París, Austria (algunas de las escenas se filmaron en Vancouver), son impecables. Están llenas de detalles que ameritan una segunda mirada. Pero la cámara de Ritchie se mueve (tal vez demasiado)  rápido y se puede sentir la adrenalina de los protagonistas.
                   No se trata de una película de personajes sino de situaciones que en todo momento apela al compromiso emocional del espectador y lo consigue (en la medida, insisto, en que al espectador le guste lo que ve). Para ello Ritchie no escatima esfuerzos. Usa todos los recursos del lenguaje cinemático, en la elección de los ángulos de la cámara: cuando enfoca desde arriba la Torre Eiffel y luego desciende al plano detalle; en el uso de la cámara lenta, el paneo, y el corte vaivén rapidisimo en las escenas de pelea; cuando enfoca como se dispara la bala de una pistola o un cañón o en el juego de las luces (las ambientaciones son oscuras, brumosas, con escasa luz natural, destacando el hollín y la humedad), que comunican la estética gótica a la que me referí antes.
                    Finamente, como su sello de aguas,  Richtie incluye, para solaz de sus seguidores, perros y gallos (un bulldog cuya "actuación" es simpatiquísima y un bullterrier que aparece como testigo en una de las escenas de lucha).
Entretenimiento, acción y humor a la usanza Ritchie: para divertirse.

viernes, 9 de diciembre de 2011

George Clooney en "The descendants": pum para abajo!

The descendants (2011)
                    Todavía sigo lamentando no haber esperado los veinte minutos que faltaban para que empezara Edgar J. y haber cedido a la tentación de ver la última película de George Clooney. Supongo que su atractivo fue el gancho que torció mi brazo…
                     Resultado: una decepción. Como la que sentí después de ver The Tourist (Florian Henckel von Donnersmarck, 2010) donde la hierática Angelina Jolie muestra – o debería decir para ser más exacta, oculta- su extrema delgadez y el versátil Johnny Deep, por más ganas que le pone todo el tiempo, no logra remontar un guión saturado de los típicos clichés del cine comercial de Hollywood (¿hay otro?, me preguntará algún despistado); que si no fuera por las majestuosas imágenes de Venecia, de sus hoteles lujosos y edificios que combinan el arte renacentista con las expresiones más modernas de la plástica, pondrían a cualquier mortal en estado de letargo. Como sucede muchas veces con las remakes que se hacen de las películas francesas, se copia la idea, se destruye el cine. Si se quiere ver el original y disfrutar de una buena película, recomiendo  la versión  original “Anthony Zimmer” (Jerome Salle, 2005). De todos modos este traspié se le puede perdonar a von Donnersmarck después de habernos legado “La vida de los otros” (2006), cuya crítica está en este blog (yo lo atribuyo al jet lag producido por el salto del cine alemán al de los EEUU).
                       Así como El turista parece un film producido exclusivamente para promocionar Venecia (los productores se hubieran ahorrado varios de los U$100M invertidos porque si hay un lugar que no necesita nada para atraer turistas es, casualmente, la ciudad de los canales), The descendants siguiendo la tendencia del cine de ficción como uno de los medios más potentes y explotados de promoción turística parece haber sido hecha exclusivamente como parte de la campaña publicitaria “Visite Hawaii” en virtud -interpreto-, de cierto decaimiento económico debido a la crisis global.
                         Demás está decir que la edición y la fotografía están muy cuidadas y que Alexander Payne ha jugado con algunos planos americanos y planos detalle con muy buen efecto. Sin embargo, el guión tiene fisuras insalvables que no logran revertir ni el veterano Clooney ni los paradisíacos paisajes de las islas.

                          Por un lado se plantea el drama familiar que produce un accidente en el que Elizabeth (Patricia Hastie) sufre heridas fatales que la dejan en estado vegetativo, por lo cual su esposo Matt King (Clooney)  deberá hacerse cargo de las dos hijas de la pareja y enfrentarse al descubrimiento de una situación que tenía en frente de sus narices pero que, inexplicablemente, no podía ver por estar muy ocupado representando como abogado a sus numerosos primos, herederos de un fideicomiso inmobiliario que debía ser disuelto en virtud de la legislación isleña antimonopolio. Ninguna de las líneas argumentales se desarrolla acabadamente y, respecto de la principal, se la trata de una manera tan epidérmica y poco “realista” que no resulta para nada convincente. 

                           Como el guión es tan flojo, los esfuerzos de los actores son inconducentes. Pero aquí es menester señalar que el propio protagonista deja bastante que desear. Mostrando un exceso de confianza o tal vez un narcisismo exagerado, Clooney parece más preocupado en su imagen y cómo luce en primeros planos y planos detalles, que en la exhibición de sus emociones. Los acercamientos de la cámara para capturar sus expresiones de dolor carecen de espontaneidad o parecen de escuela, y pierden mucha eficacia dramática. Además, es posible advertir en reiteradas oportunidades que no puede evitar mirar de soslayo la cámara.
Beau Bridge, que actúa como  uno de los primos, acompaña. Hace un buen papel pero es tan insípido que se pierde en la lontananza.
Los escenarios, las locaciones, todos los ambientes son de tal perfección que agobian (la casa, las cabañas hasta el cuarto de hospital). Parecen “de mentira”, como la propia historia.
The descendants te dejan con una sensación de que le faltó cocimiento… o alguna especia. Te dejan con hambre.