GRADUADOS, GRACIAS!!!
Alguien me pasó
el dato y así empezó todo. La curiosidad se encontró con la sorpresa y entre
las dos fueron tejiendo ese lugar para el encuentro con los sentimientos, una
urdimbre en la que la evocación al pasado se mezcló con el efecto lúdico y de
entretenimiento, disolvente de las tribulaciones y los afanes del presente.
Y empecé a
esperar, con la diferencia horaria a mi favor, la subida de los capítulos a la
red.
Para muchos de quienes
dejamos nuestra patria para andar otros caminos, la serie de Sebastián Ortega y
Endeamol, se constituyó en una imperdible cita con lo más puro de nuestra
cultura, con aquello que nos distingue y nos hace queribles y también odiosos.
Vaya mi
reconocimiento a todos los que hicieron
y trabajaron este logrado producto, que tiene todas las características y
guiños de su tipo y tiene, al mismo tiempo, una estética totalmente moderna y
auténtica que a pesar del tono de comedia y sus ribetes de absurdo, no dejó de hermanarse
con la realidad tal como es, sin calificativos.
Innovadora y
creíble, a diferencia de la mayoría de las telenovelas tradicionales, Graduados
trató temas que han sido y siguen siendo tabú para mucha gente y en muchos
lugares, exhibiéndolos sin cortapisas, con la intención de abordar el conflicto,
mostrándolo con la naturalidad ínsita a
su propia existencia: desde la homosexualidad al bullying, pasando por la
infidelidad y toda la gama de emociones humanas, la novela no se priva de nada.
Y en vez de estereotipar a los personajes, como sucede hasta el presente con el
género y pasa con la gran mayoría de sus parientes venezolanas, mexicanas y
colombianas, Graduados muestra a los protagonistas como somos las personas de
carne y hueso: ellos no son perfectos ni impolutos y lo que les pasa es lo que le pasa a cualquier hijo de vecino. Y
todo regado con una gran cosa que tenemos los argentinos: la de permitirnos
tomar de todo y de todos, lo mejor. Por eso mención aparte merece la música,
tanto nacional como extranjera, que acompañó toda la serie en maridaje perfecto
con todas las situaciones.
Aunque todo esto
es más que suficiente para abonar la alta opinión que me mereció la serie, la
temática, en lo personal, me caló profundamente en el corazón.
Aunque unos años
mayor que esos Graduados la historia que se cuenta es, de alguna manera, mi
propia historia. Las vivencias son idénticas porque fueron las de una
generación y, como a los Graduados de la serie, hice amigos entrañables en el
Colegio con los que cuento todavía y también me/nos pasó de reencontrarme, 25
años después, con compañeros de esa época
de la vida que se asocia con la idea de felicidad.
Los primeros
amores, el amor romántico, el amor más maduro y la amistad, siempre, con todo,
a pesar de todo. Graduados es todo un homenaje.
Gracias a todos
los que lo hicieron posible. Y gracias por regalarnos la posibilidad de evocar los
momentos más intensos de nuestra vida. Por el rescate de lo vernáculo y de la
jerga de una época; por la mirada larga, diversa y multicultural inclusiva del
país interior y de otros dioses, y por el homenaje a nuestros cantantes, a
nuestros pequeños ídolos y, en definitiva, a los que amamos.
